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¿Libres e iguales? Por qué necesitamos hablar de desigualdad en la #HLM2016AIDS

¿Libres e iguales? Por qué necesitamos hablar de desigualdad en la #HLM2016AIDS

access_timeJune 03, 2016 03:52 pm

Hace un tiempo leí un artículo sobre por qué el sistema de Naciones Unidas, como existe hoy, está mal planteada e incluso ha llevado a traicionar sus propios ideales de mejorar la vida democrática en nuestras sociedades y garantizar los derechos humanos -que nos son ya inherentes desde que, ejem, nacemos humanos.

Eso dijimos ese 24 de octubre, hace 71 años, ¿o no? Que todas y todos nacemos “libres e iguales”.

 

La semana que viene, las gigantescas salas de la ONU nos reciben de vuelta a varios activistas y expertos de todo el mundo para la Reunión de Alto Nivel en VIH, del 8 al 10 de Junio en Nueva York. Esta reunión y su Declaración Política, se prevé, marcarán el paso para una respuesta global coordinada a la epidemia, a tiempo de comprometer a los Estados Miembros a asumir acuerdos durante esta respuesta acelerada de cara al 2030.

 

Igual, hoy en medio de negociaciones y statements, repetimos ya casi en tono absurdo lo de “terminar la epidemia” (ending the epidemic). Igual, hoy en vez de centrar el eje de la discusión en que las comunidades estamos ante escenarios socio-políticos cada vez más inestables en nuestros países, estamos re-discutiendo la “definición” de los grupos en mayor riesgo frente al VIH (y eso lo sabemos desde siempre).

 

Igual, hoy nos vemos forzados a luchar de nuevo contra las formas más básicas de exclusión y discriminación, luchas que ya creíamos ganadas hace 15 años.

Más allá de la crítica a la burocracia excesiva que sigue sin encontrar una forma efectiva de involucrar a las comunidades, me quiero enfocar en los temas de fondo que hacen que todo esto de la ONU suene casi como un disco rallado. Como dice Žižek, “primero como tragedia, después como farsa”.

A ver...

El ideal es que el eje de la discusión sea respuesta acelerada, en todas partes, sin dejar a nadie atrás (“fast-track, everywhere, leave no one behind”), y eso quiere decir que la categorización de los países, por agarrar un tema de ejemplo, ya no debe ser tomada en cuenta a la hora de definir quiénes acceden al dinero de la solidaridad global y quienes no. No se puede dejar solas a las comunidades más vulnerables en estos países.

 

En 2016, toda la evidencia acumulada apunta a que, si lo que queremos construir es una respuesta sólida y que de verdad llegue a terminar con el VIH en todas partes como un problema de salud pública, y principalmente en nuestras comunidades, se tiene que invertir en rendición de cuentas, transparencia y, por supuesto, en incidencia política. Ninguna de las otras dos cosas va a pasar a menos que se cumpla con lo último (los gobiernos no van a “poner, así nomás la plata, porque sí”) y eso ya lo sabemos.

 

Para nosotros es indudable que la vulnerabilidad al VIH no se termina nada más con mirar al país, su PIB y cómo este supuestamente se distribuye. Nuestras organizaciones necesitan del apoyo internacional hasta, al menos, mejorar nuestras condiciones de vida.

 

Sí, es cierto: muchos países más desarrollados no tienen por qué pedir apoyo, todavía, para fortalecimiento de sistemas de salud y otras tareas de su gestión que son parte del mínimo de responsabilidad que tienen.

Pero la sociedad civil sí sigue necesitando de la solidaridad global.

Como ejemplo empírico repasemos el caso de Perú, que aún siendo un “país de ingreso medio-alto” en América Latina, sigue siendo uno de los países con mayor tasa de muertes relacionadas a fallas a la salud materno-infantil, incluida la muerte por abortos inseguros en adolescentes. Al igual que muchos de los países (si no todos) en la región, Perú representa además una tasa de incidencia de VIH descontrolada en mujeres trans y hombres gays menores de 35 años.

 

Brasil, con una de las respuestas al VIH más sólidas en todo el mundo, que ha exportado históricamente todas sus buenas prácticas y su know-how al resto de los países, tampoco está pudiendo controlar su epidemia (y por ende la nuestra) entre jóvenes gays y mujeres trans.

 

Como ejemplo, tenemos otros casos en la región en donde las respuestas del Estado han sido bastante buenas en términos de escuchar a las comunidades y establecer mecanismos de diálogo con ellas, etc, pero, cuando “las papas quemaban”, la sociedad civil independiente desapareció. Porque no había sociedad civil, ya estaba copada por el gobierno de turno.

 

De vuelta, ejemplos como Perú, Brasil y México para Latinoamérica, que son países con los mayores números de nuevos casos seguidos de Venezuela, lo que tienen en común es que además son los líderes en números de asesinatos registrados en mujeres trans y hombres gays. Casos documentados.

 

¿Qué estamos haciendo? Es imposible hacer la vista gorda a lo que la evidencia nos grita: la homofobia y la transfobia tienen costo.

 

Hay que hablar de vulnerabilidades sistémicas, más allá de las económicas.

El desarrollo humano implica la defensa (y la garantía, principalmente) de derechos. Y eso no es un “contentious” issue, no es algo “occidental”, “colonizante”, “postmoderno” ni nada: estamos hablando del mínimo acuerdo sobre el que estamos avanzando hacia mejorar nuestro mundo… el único que tenemos.

Entonces, ¿Vamos a seguir llamando “contentious issues” a los temas que nos criminalizan todos los días? ¿Vamos a seguir dejando a comunidades enteras desprotegidas por la “soberanía” de un país?

¿Significa que la solidaridad internacional nos va a dejar morir nomás a causa de la homofobia y la transfobia? O bien, ¿vamos a negar u obviar que la salud y el bienestar de nuestras comunidades tienen que ver con otras variables sociales de discriminación y brutal exclusión? ¿Que no tiene nada que ver con la desigualdad, nada que ver con la violencia de género?

 

Hace 71 años dijimos que “todos los seres humanos nacemos libres e iguales”. Hoy, seguimos criminalizando a comunidades enteras que aún sufren a causa de un virus que vive y se propaga en base a la desigualdad.

 

Hoy seguimos con historias de gente matando gente porque ama a otra gente. De nuevo: ¿qué estamos haciendo?

 

Necesitamos hablar de la solidaridad global pero no para hacer más de lo mismo, sino para estructurar planes sólidos de advocacy y de vigilancia ciudadana que nos aseguren que nuestros países se hagan cargo de sus ciudadanos y ciudadanas.

 

Debemos poner en contexto: estamos ante un escenario global que está alimentando extremos en ambos lados. Si algo nos enseñó el siglo veinte es que cada vez que hemos enfrentado estas tasas de desigualdad extrema, han aflorado conflictos que siempre han llevado a escenarios en los que las minorías hemos sido brutalmente perseguidas.

 

No se puede ignorar el costo que va a tener el no controlar las epidemias en todas estas comunidades, en todos estos lugares.

 

No podemos seguir ignorando el impacto de la homofobia.

#wearetheepidemic #HLM2016AIDS

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