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Karina Rodríguez

Karina Rodríguez

access_timeAugust 18, 2015 06:09 pm

“Es importante reivindicar el valor de los más jóvenes que se animan a asumir públicamente la lucha por una sociedad sin discriminación. Y que sigan, porque es la única manera de conseguir esa transformación.”

Karina Rodríguez es, actualmente, Diputada Nacional por Avanza País. Tiene en su haber una amplia carrera política. Ocupó cargos encabezando el Viceministerio de la Juventud y siendo, posteriormente, concejala de Asunción. Poseedora de un carisma y de una sensibilidad social plausibles, nos concedió un espacio y abrió las puertas de su casa para conversar con EQUIS de temas interesantísimos que te presentamos a continuación.

¿Qué experiencias podrías contarnos sobre tu gestión en los cargos que ocupaste?

Mis inicios vienen de una responsabilidad en favor de la construcción colectiva. Con mis compañeros venimos de una historia de lucha, de reivindicaciones, trabajando en la Casa de la Juventud con los jóvenes y desde las organizaciones sociales. Estos factores coadyuvaron a que pudiéramos asumir, en mi caso, en el Viceministerio de la Juventud, y desde ahí, ir avanzando y ocupando más espacios. Posteriormente accedí a la Junta Municipal y después a la Cámara de Diputados. Básicamente, esto es el reflejo de muchos años de trabajo y de compromiso, a diferencia de otras personas que entran en la política por otros intereses. Nosotros conquistamos los espacios gracias al apoyo efectivo de la gente y todo lo que conseguimos no fue por prebenda ni clientelismo, sino porque creyeron en nuestra capacidad de ocupar esos lugares.

Lo que estamos tratando de hacer hoy es construir un modelo de gestión diferente. Siempre fuimos conscientes de aquello que repudiamos y criticamos y, frente a esa crítica, tratamos de construir nuestra propia práctica. En ese sentido, la gestión en la Cámara de Diputados es un desafío y una sorpresa cuasi-permanente y cotidiana. Desde las actitudes, las propuestas y los intereses -que están representados casi mayoritariamente en la Cámara de Diputados- ya están asegurados de antemano y garantizan mayorías que no permiten llegar a debate dentro de un proceso democrático. Nos pone permanentemente en la confrontación de un modelo autoritario y hegemónico frente a una minoría de votos que estamos ahí y que planteamos vivir en democracia y construirla bajo la premisa de que todos tenemos las mismas condiciones de estar presentes y participar.

Actualmente se dio inicio a la Campaña «7%: dupliquemos la inversión en educación». ¿Podrías darnos más detalles sobre la campaña y las acciones que se llevarán a cabo?

Actualmente estoy como presidenta de la Comisión de Educación y Cultura de la Cámara de Diputados y desde allí impulsamos la campaña para que Paraguay llegue a invertir el 7% del PIB en la educación. Paraguay es uno de los países, en toda la región, que menos invierte en educación y eso no sólo se ve en números, sino también en una sociedad que, evidentemente, no logra salir adelante por no tener garantías de que toda la ciudadanía acceda a las mismas herramientas de desarrollo. Y trabajamos esto porque la UNESCO, que es el organismo a nivel internacional garante de los procesos educativos, plantea que como mínimo cada país debería invertir el 7%. Nosotros invertimos el 3,5%, es decir, estamos a mitad de camino, hecho que da el nombre a la campaña «Por un 7%, dupliquemos la inversión en educación».

En el marco de esta campaña, lo que queremos también es plantear no sólo un problema de dinero, sino que también la calidad del modelo y del sistema educativo que estamos generando. Con SOMOSGAY trabajamos la perspectiva de la educación en derechos humanos, dado que no podemos seguir con docentes que discriminan, con el bullying escolar y con una educación que limita la posibilidad de que los estudiantes se organicen. Es decir, queremos pensar no sólo en una mayor inversión, sino también en una profunda revisión de los contenidos que se imparten en el proceso educativo y, por supuesto, en la capacitación de las y los docentes, quienes son los principales formadores y que no cuentan con las herramientas formativas que debería proveerles el Estado.

En nuestro país no existen leyes que amparen a las personas LGBT ante casos de discriminación y violencia. Desde tu rol como Diputada Nacional, ¿qué iniciativas y acciones te parecen necesarias para erradicar esta situación?

Creemos que las organizaciones deben acompañar los procesos de transformación integral de la sociedad y lograr que la misma entienda que discriminar a una persona es discriminarse a uno mismo. Se debe generar la vulnerabilidad que hace posible que cualquier otra persona ligada a uno también puede sufrir situaciones de maltrato, violencia y atentado contra su propia integridad porque no se toman los recaudos para que la sociedad deje de discriminar, marcar la diferencia y estigmatizar.

Pero lo que hablábamos, sobre todo con los compañeros de SOMOSGAY, es que tenemos que conseguir que una sociedad tome los derechos humanos de manera integral como la base fundamental e innegociable de convivencia. No sólo de algunos sectores, sino de todos porque hablamos de una sociedad que está discriminando de manera permanente, que excluye a un chico por ser diferente, por tener alguna discapacidad o por vestirse fuera de los parámetros “aceptables”. Estamos hablando de una sociedad que todavía presenta síntomas del conservadurismo y que sigue siendo violenta y estigmatizadora, herencia de la dictadura de Alfredo Stroessner.

Algunos colegas tuyos, en el Congreso Nacional, no sólo expresaron sus posturas y creencias personales sobre lo “antinatural” del matrimonio entre parejas del mismo sexo, sino que, además, iniciaron acciones legislativas basándose en dichos preconceptos. Sin embargo, vos y varios colegas como Rocío Casco y Víctor Ríos, defendieron. ¿Qué pensás acerca de estos argumentos, y de lo que generó todo el debate?

Lamentablemente son el reflejo de esa casta que todavía sigue mandando en este país. Finalmente son representantes, pero, ¿a quiénes representan? Yo, honestamente, creo que cada vez representan a menos gente y más a sus propios intereses particulares y sectoriales. Después son ellos los que te hablan de un modelo de familia con total hipocresía y de un modelo de sociedad cuando en verdad son los primeros en coartar las posibilidades que tiene una sociedad para desarrollarse. Hay mucho por detrás, pero honestamente, creo que cada vez se representan más a ellos mismos y menos al pueblo paraguayo.

No sé cómo lo sientan los activistas de organizaciones sociales, pero para quienes estamos en función pública, en la recorrida de barrios y en reuniones con organizaciones, vemos una mayor apertura. Es decir, esa mamá, esa señora de barrio, ya no le ve a un chico gay como un problema o como algo que pueda llegar a atentar contra la vida comunitaria. Lo ve como su hijo, como un sobrino, como el hijo de una amiga y están, absolutamente, conviviendo sin ningún tipo de reparo.

Pero la verdad es otra: vivimos en un país donde el modelo de familia se está re-discutiendo. Donde una madre soltera puede vivir la vida y ocuparse de sus hijos construyendo un modelo de familia diferente. Donde ya no son «papá y mamá» los requisitos fundamentales para que esa familia se consolide sino que pueden ser el abuelo, la abuela, la tía, el hermano, el amigo, el vecino… Vivimos en una sociedad donde todo está en movimiento y en transición.

¿Te parece que accionar a favor de los derechos humanos, desde tu rol actual, puede traer consecuencias para los políticos y legisladores quienes, como vos, se oponen a la discriminación?

 Las consecuencias directas tienen que ver con esta violencia con la que responden algunos sectores que se sienten amenazados, pero se sienten así por esa doble moral y esa hipocresía. Tienen miedo, en realidad, de que se desenmascare un mundo que ellos pintan como lindo y perfecto y que todos sabemos que no lo es. Y, a veces, esa violencia es muy fuerte y es entonces que instalan campañas de desprestigio que, desvalorizando nuestro discurso, nos acusan de ciertas cosas. A mí no me extrañaría que ellos planteen que una, por ser de izquierda, tenga que ser lesbiana. Plantean eso como si fuera un problema cuando en realidad no lo es. Que a mí me digan eso no sería ningún insulto. Es como decir «sos hombre» o «sos mujer».

Haciendo un análisis socio-político sobre el tema, ¿creés que nuestra sociedad está preparada para la aprobación de matrimonio y la adopción de parejas del mismo sexo?

Yo creo que depende mucho del trabajo que podamos hacer con la gente, casa por casa, hablando y debatiendo con todos los sectores y no esperar que esto sea sólo un trámite legislativo o una conquista administrativa-jurídica porque, de verdad, yo creo que ahí está nuestro principal problema. Tenemos que lograr que el pueblo paraguayo entienda que esto no es un riesgo para nadie. Que es, sencillamente, reivindicar los derechos de la personas de manera integral así como se lograron el voto para la mujer, el divorcio y los procesos de adopción. Todas esas fueron conquistas impulsadas por los pueblos, incluso, en contra de sus propios gobernantes.

Entonces, creo que el trabajo tenemos que hacerlo de puertas hacia afuera y que, una vez que todos esos sectores de la ciudadanía entiendan y dejen de tenerle tanto miedo a las transformaciones que estos tiempos ameritan, van a poder asumir y presionar para que los gobernantes tomen la decisión que tengan que tomar. Pero yo no creo que se trate sencillamente de una presentación legislativa o de una incidencia, en términos jurídico-administrativos: creo que se trata de construir un modelo de sociedad donde se pueda empezar a debatir. Por ejemplo, que se debata en colegios este tema, pero que no con esas premisas cargadas de prejuicios. Que se permita que un joven o una joven pueda defenderse y que no tenga que ser sometido a un juicio moral.

Claro que nosotros podemos impulsar eso en la Cámara pero sabemos el resultado. Sabemos que ni siquiera fueron capaces de aprobar una ley contra toda forma de discriminación. Sabemos que cuando hablamos de la ley contra la violencia hacia la mujer hay todavía gente que te dice «bueno, en algunos casos, la mujer necesita corrección». Cuando discutimos la ley contra el maltrato infantil, una diputada dijo que «a veces los niños necesitan garrote». Es decir, se trata de eso. Si queremos hacer la batalla dentro del canon legislativo, todos somos conscientes de la situación a la que nos vamos a enfrentar.

Actualmente, existen varias organizaciones en nuestro país que trabajan en la defensa de los derechos humanos, entre ellas SOMOSGAY, a quienes brindás tu apoyo a actividades, proyectos y campañas que lleva a cabo. ¿De qué manera te parece importante este tipo de trabajo en la sociedad paraguaya?

Es fundamental el trabajo porque, desde el lugar que nos toca ocupar a nosotros, sin ustedes sería mucho más difícil nuestra misión. Muchas veces, Rocío Casco y yo, en la Cámara de Diputados, hablamos en nombre de organizaciones que sabemos que cumplen y representan. Hay otras organizaciones que son de papel, que no tienen nada por detrás. Pero nosotros sabemos cuáles son las organizaciones que verdaderamente representan y cuando hablamos en nombre de esas organizaciones sabemos que hablamos en nombre de cientos de personas que están expectantes de lo que podamos decir, hacer o dejar de hacer. Por otro lado, también en la construcción de una sociedad diferente, democrática, las organizaciones sociales son fundamentales.

Tenemos que trabajar por una sociedad en la que las organizaciones sean políticas y no partidarias. Claro que cada militante de una organización tiene que tener la posibilidad de pertenecer a un partido o movimiento. Pero lo político es diferente de lo partidario y la organización social tiene que involucrarse en la política. SOMOSGAY tiene que discutir por qué en Paraguay mueren tantos niños de manera injustificada y por qué el sistema de salud no garantiza la vida, y tiene que estar en ese debate porque también son varones y mujeres que en algún momento determinado van a tener que convivir con esa realidad y nosotros vamos a necesitar que las organizaciones sociales se involucren en ese tipo de cosas, denunciando el doble discurso y la doble moral. Se destinan debates para masacrar a aquellos movimientos que representan la ruptura de un modelo de familia estereotipado, pero cuando muere un niño por falta de terapia intensiva, nadie hace nada.

Mensaje personal para las personas LGBT.

En primer lugar, mi reconocimiento en términos personales y humanos al coraje. Yo creo que, si algo tenemos que rescatar, es el coraje de salir del modelo y del estereotipo que nos imponen cotidianamente en los diferentes espacios: familia, escuela, iglesia, sociedad, entre otros. Hay que tener mucho coraje y yo creo que, desde que nos conocimos hasta esta parte, SOMOSGAY y sus organizaciones fraternas fueron mostrando que cuanto más unidos están, tienen mayor coraje y mayor fortaleza.

Yo creo que hay que reivindicar también el valor de los más jóvenes que se animan a asumir públicamente la lucha por una sociedad sin discriminación. Y que sigan, porque es la única manera de conseguir esa transformación. Ninguna transición es gratuita y fácil, y creo que el mayor orgullo que vamos a tener colectivamente es haber logrado aquellos objetivos que son productos del esfuerzo de esa lucha. Si fuera tan fácil, quizás sería menos intenso y menos motivante.

Cada vez que uno escucha esos discursos tan conservadores y agresivos, al contrario de lo que ellos piensan, terminan fortaleciéndonos. Creo que SOMOSGAY y otras organizaciones, cuantos más ataques reciben, más se fortalecen y salen adelante. Entonces vale la pena organizarse y que el coraje y la valentía sean siempre las banderas que los impulsen para seguir luchando.